sábado, 13 de febrero de 2016

SOBRE LA POESÍA

Últimamente la gente escribe muchos poemas sobre la poesía, pero en realidad no hace poesía. Entre esa gente estoy yo. Escribimos que la poesía es esto, que la poesía es aquello, que la poesía es esto otro, pero en realidad casi nadie se sienta a hacer la juiciosa y concienzuda tarea de escribir un poema. Y no hablo de cualquier poema culo de internet, hablo de poemas de verdad.

Ahora bien, muchos se preguntaran a que me refiero con un poema de verdad. Quiero aclarar, antes que nada, que los poemas que he escrito, salvo uno o dos, no son poemas de verdad. Repito, y en mayúsculas: YO NO HE ESCRITO POEMAS DE VERDAD.

Una vez hecha la aclaración, procedemos. ¿Qué es un poema, un poema de verdad? Un poema es una construcción literaria en la que se expresan, de manera estupenda y con especial cuidado, las emociones humanas. Así de sencillo. Obvio, es fácil definirlo, pero a la hora de la verdad escribir un poema es toda una hazaña.

Ante todo porque requiere de una sensibilidad superior. Captar la belleza y la complejidad de las emociones humanas no es sencillo, hay que estar alerta, con la mente abierta y el corazón (válgame aquí la cursi figura poética) dispuesto para  atrapar la esencia misma de las emociones humanas. Y es que con toda sinceridad debo apuntar que estar borracho, trabado, enamorado o entusado no es suficiente, más a esta edad, más con estos tiempos que corren. Si bien son unas de las emociones humanas más frecuentes, no son las únicas, y no logran captar ni la más mínima parte de la compleja gama de emociones de la que está hecho el ser humano. ¿Dónde queda el deseo más allá de lo romántico o lo sexual? ¿Aun queda sentido de sacrificio? ¿Aun existen héroes y tragedias? ¿Aun hay fascinación por lo minúsculo? ¿Por la hormiga que pasa, por la mancha de grasa? ¿Y lo colosal? Más complicado aun, ¿Dónde están las emociones oscuras? ¿Dónde el odio y el desprecio? ¿Dónde la mala intención y el rencor? ¿No estamos llenos de villanos? ¿No somos nosotros mismos personas malas? ¿Dónde está la angustia más allá del egoísmo? ¿Dónde el miedo a la extinción, el terror a la muerte?

Lastimosamente nunca hemos escrito poesía, y si lo hemos hecho, ha sido una poesía local, completamente alejada de lo que se podría entender como poesía de verdad, poesía universal, poesía que retrate los sentimientos humanos. ¿Dónde está el amor, más allá de mi obsesión egoísta? ¿Dónde la metrópoli más allá de Bogotá?

Y luego, tras el problema de los temas, se suma el asunto del lenguaje. Si bien estos tiempos ya no exigen el uso de una rima, una métrica y una poética tan ajustada como en otras épocas de la historia, creo que nunca está de más construir poemas que, por lo menos, sean respirables. No le voy a echar la culpa al verso libre, me parece que bajo esta modalidad se han escrito obras magistrales, poemas de verdad. Tampoco voy a defender violentamente el regreso al verso alejandrino, al endecasílabo, a la rima asonante, ya que además de ser anacrónico, estaría imponiendo un yugo difícil de llevar. Sin embargo si me preocupa que muchas veces los versos no tengan ritmo o musicalidad, o que a veces ni si quiera hayan versos. Aquí está la diferencia fundamental entre un puñado de frases lindas y un poema. En el poema las frases crean relaciones, oposiciones, hay regularidades, repeticiones, se construye una unidad total.

Finalizando, debo reconocer que hoy volví a fallar, justamente con respecto a la premisa expuesta al principio del texto: volví a escribir sobre la poesía. Esta vez más como un analista, casi como un crítico. Me duele no poder escribir un poema, no tener la sensibilidad para atrapar las emociones humanas, no tener la dedicación para construir un poema palabra por palabra. Lastimosamente, y por el bien de mi salud mental, debo renunciar, si alguna vez fui llamado de esa forma, al título de joven poeta. No soy más que un charlatán. Una vil mentira.


Por lo demás, la tarea está aún por hacerse, que los poetas escriban poesía, buena poesía, poesía de verdad… aunque a nadie le importe, aunque el mundo siga girando y el poeta muera de hambre ¿Acaso eso no lo sabemos ya? ¿Para qué seguir haciendo hincapié en ello? ¡A escribir!